Calé


Los rasguidos
se soltaron
como perros
salvajes,
en aquellas
cuerdas gitanas.

Corrían salvajes
con ecos de palmas,
persiguiendo
entrañas
embebidas
de alhambras.

Erizaron
alientos
por todo
el cuerpo
y como
sabia encendida
subía  inflamada.

Curvaba
la cintura,
soltaba los brazos
como apartando
el aire y
encendía
las manos
con los dedos
en llamas


Se quema
por dentro
esa mujer gitana,
que flamea
el vestido
para apagar
su llama.

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