Rito analógico


Entró a la librería con espíritu sibarita. Recorrió los mesones con lentitud. Disfrutó las tapas multicolores como un menú para el deleite intelectual. Imágenes, tipografías y gofrados. Jugó a descubrir la relación escondida entre el título y el diseño de tapa. Cerró los ojos para descifrar el aroma de aquel lugar: madera lustrada enredado con el olor del papel nuevo, sutiles efluvios de tintas y un café lejano. Sopesó un libro y lo hojeó solo para olerlo como quien parte un pan casero. Paladeó lo más importante, el primer párrafo:"En Harlem el frío era hiriente y las marmotas de Harlem, sus habitantes, estaban bien abrigadas en sus agujeros. Todas menos una..." Voluptuosas sensaciones reservadas a la vieja cultura analógica y vedadas al mundo digital.

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