Fantasía


Hacía bastante que Antonio estaba jubilado, era un hombre bajito, sencillo y bonachón. Desde joven había trabajado en el ferrocarril como mozo del coche comedor. Cuando desguazaron los trenes comenzó a hacer changas como albañil. Tenía las manos ásperas por la cal y el cemento y le encantaba jugar al truco y ver televisión.
Una tarde Carlos, su hijo,  estaba solo con Antonio en la cocina mateando y charlando de cosas de la vida. En un momento, quizás curioso por ese misterio que rodea a los padres y sus anhelos le preguntó; Antonio - a veces lo trataba por el nombre-  cuál fue tu mayor fantasía?.  La expectativa de Carlos no iba más allá del pequeño mundo de Antonio: Un carrito bicicleta moderno o una mezcladora de cemento más grande...
- Una japonesa, dijo Antonio. Una japonesa en quimono.

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