Adentros y afueras
Sobre
mi derecha había una ventana que dejaba entrever algunos techos de chapa
sombreados por las copas de los tilos. El resto era todo cielo. Anhelaba estar
ahí afuera y no podía. Vaya a saber cuando podría.
Hasta
ese día mi estación preferida era el invierno, de ahí en más sería el verano
con todo el sol. Sol heráldico sobre la puerta de mi casa. Sol Invictus sobre
la arcada del living. Sol tatuado en mi pulgar derecho.
Alejada,
sobre la izquierda, estaba entreabierta la puerta de terapia intensiva. Asomándose,
mis pequeños hijos con caritas de asombro. Definitivamente el sol y todo lo que
quería estaba afuera y no podía salir, enredado como estaba entre cables y
mangueras de aquel adentro.
Iván
está hipnotizado por el azul del mar. Sobre el horizonte, una y otra vez, el sol
empecinado en alumbrar, lo inunda con rayos cegadores. El paisaje es hermoso, pero
no puede salir. La seducción por salir es como la atracción de abandonarse ante
el vacío de un precipicio, pero no puede. Añora ver el cielo azul y las
estrellas titilar porque uno es así, extraña las cosas cuando esta privado de
ellas. Iván Vagner está seguro, muy seguro en la estación espacial
internacional, a cuatrocientos kilómetros del virus, girando alrededor de la
tierra, mientras allí mueren miles. La seguridad de la soledad.
La
seguridad de las distancias, de las alturas, de los desiertos de las islas
remotas. De todo aquello que se esforzó el hombre por conquistar en estos pocos
miles de años.
Hoy
el sol está en Abril. Calmo, pero tintineante entre hojas que perseveran en amarillear
su ausencia. Afuera están los parques, el río, el canal y ese sol… pero no
puedo salir. Adentro están las cosas que quiero y afuera también, pero definitivamente
no es seguro salir. Y uno es así, añora las cosas cuando esta privado de ellas
y hoy la otra cuadra me parece hermosa.
La
amenaza es invisible, al menos a nuestros ojos. En el mundo microbial es un monstruo
letal y granujiento vestido con un masa grasienta y pegajosa como coraza. Es el
David microscópico ante nosotros, torpes Goliat que nos encerramos asustados.
Vaya a saber cuando podremos salir.
Lo
solidario es lo distante, la mirada lejana el abrazo inexistente. El aséptico
mundo virtual que ya parecía asfixiarnos, es hoy la tabla de salvación a la que
nos aferramos desde la soledad de un dormitorio.
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